Navegar por internet es sinónimo, y así debe ser para que muchos de los portales de los que disfrutamos sigan siendo gratuitos, de consumir publicidad. A menudo, a mucha, ni le prestamos atención. Sin embargo, en otras muchas ocasiones, y gracias a los sistemas de publicidad contextual que supone una presentación personalizada de ‘ads’ y ‘banners’ con información susceptible de interesarnos, sí se las prestamos al ofrecerse algo que puede satisfacer alguna de nuestras necesidades.

Una vez se nos presenta un anuncio publicitario que nos llama la atención, solemos preguntarnos internamente si se tratará del típico gancho que, una vez dentro, se desarmará provocando cierto nivel de frustración entre nosotros, o si realmente se tratará de una oferta veraz y sin asteriscos que la modifiquen por completo.

Para poder cerciorarnos de que la publicidad que vemos no es engañosa, en muchos casos, hay una serie de patrones que podemos revisar a simple vista y que nos ayudará, como mínimo, a descartar a los más chapuzas en el sistema de engaño publicitario online.

El primer síntoma de que hay algo raro es cuando la oferta que tenemos delante no es que sea muy buena, es que lo es demasiado, tanto que en lugar de hacernos verla como una ganga nos lleva a preguntarnos de dónde van a sacar el beneficio cobrando esas mínimas cantidades. En este caso, lo recomendable es ponerse en contacto con el proveedor y pedir todo clase de detalles.

Otro punto que también es destacado por los expertos en publicidad es el que hace referencia a la revisión antes de proceder al pago de ningún producto o servicio de las restricciones y condiciones, ya que estas no sólo pueden llegar a modificar el precio, sino a modificar el propio producto a la venta. Ojo también a los detalles de contacto, la dirección y el CIF de la empresa. Si nos da mala espina, mejor no cerrar la compra.

Aunque no siempre es así, la estética de los anuncios, así como los textos integrados en el reclamo, pueden ser suficiente como para hacernos dudar sobre la veracidad del mensaje que se expone. Un anuncio de baja calidad, con un reclamo excesivo que invita a hacer link, o la presencia de fotografías que parecen sacadas de otra web, así como un número 806 ó 906 pueden ponernos sobre la pista de un posible fraude.

Si una vez todo revisado no somos capaces de encontrar los ‘tres pies al gato’, pero tenemos sospechas fundadas de que puede haber gato encerrado, podemos consultar en internet opiniones sobre otros compradores de determinada empresa o portal anteriores, o incluso llamar a la asociación de consumidores para pedir referencias o la certeza de que según qué empresa está constituida legalmente como tal.

Tus derechos como consumidor son los mismos en internet

Por último, recordar que si somos víctimas de una estafa en internet es lo mismo que si nos ocurre en un punto de venta física ya que las leyes de protección de los consumidores tienen la misma vigencia para el mundo offline como para el mundo online. Si no has logrado descifrar un engaño, guarda todo tipo de pruebas de tu compra y el reclamo y denuncia.

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